Alumnos, agencias y familias de acogida no han faltado a este encuentro.

Una gran celebración en familia’. El pasado viernes, 18 de junio, la Escuela de Idiomas Nerja ha celebrado su treinta aniversario en compañía de alumnos, representantes de agencias, familias de acogida y el equipo del centro al completo. No todos los años se cumplen tres décadas, un motivo más que suficiente para celebrar en familia estos años impartiendo clases en la localidad’, asegura la directora de la Escuela, Renata Urban.
El encuentro, que comenzó a las 19:00 horas, estuvo amenizado por el grupo de flamenco Flamenkura’ que acercó a los asistentes el duende de la cultura española. Nuestro objetivo es que los estudiantes se empapen también de nuestra cultura y nuestras costumbres, de ahí que el centro organice diferentes actividades para que conozcan, no solo la comarca, sino también la comunidad’, afirma su director, Luis Carrión.
Sellos de calidad, varias nominaciones a premios de excelencia docente y más de 1.200 alumnos al año procedentes de cuarenta y cinco nacionalidades, principalmente, alemanes, suecos, suizos y norteamericanos, componen el cartel de presentación del centro. Vine a Nerja en un programa de intercambio con mi Universidad. Me encanta la localidad y su gente, su carácter más abierto. Me gustaría volver en poco tiempo’, reconoce Anna Eldered, alumna sueca del centro.
Esta simpatía por la localidad y por el centro es también compartida por las diferentes agencias que trabajan en colaboración con la Escuela de Idiomas. Es el caso de Susan Redondo, de la Agencia Lingüista Media Touristik, que afirma que son muchos los alumnos que tras realizar un cursos de español en Nerja repiten hasta en tres ocasiones’. El buen clima, el trato de los nerjeños y la calidad de la enseñanza hace que los alumnos elijan Nerja como destino de sus estudios’, mantiene Redondo.
Toda una vida dedicada al español. Tal y como recuerda su director, este proyecto se ha levantado ladrillo a ladrillo’ después que en 1980 decidiera comenzar a impartir clases particulares a domicilio. Poco a poco fuimos creciendo, ampliando las instalaciones o creando la residencia hasta ser lo que hoy es esta escuela’, recuerdan sus directores.
Y como todo, esta experiencia también llega a su fin. Tras tres, cuatro o veinticuatro semanas de estudio, es hora de volver a casa, sin lugar a dudas, el momento más difícil para las familias de acogida. Durante esas semanas se les coge mucho cariño. Nosotros intentamos no perder la relación con ellos, a través de Internet seguimos estando en contacto’, asegura Lina Pino, cuya familia colabora con la escuela desde hace quince años.




