La propietaria de un bar de Nerja es agredida por un indigente que pedía en su terraza

por | Dic 10, 2014 | Noticias

La joven tiene el tímpano perforado por el golpe que le asestó el mendigo al pedirle que no molestara a los clientes.

María Eloísa Aparicio, propietaria de la Taberna Baserri de Nerja, se recupera de las lesiones sufridas a manos de un mendigo que la agredió en la terraza de su propio local. Los hechos se remontan al domingo 30 de noviembre, a las 16:30 horas, cuando el indigente se acercó a pedir dinero a los clientes.

‘Al ver que les estaba molestando, le pedí educadamente que dejara de hacerlo. Él me preguntó si trabajaba, le contesté que estaba trabajando en ese momento, y él me dijo que él no trabajaba, a lo que contesté que en lugar de pedir limosna a la gente buscara un trabajo’, explica la joven a Infonerja.

Estas últimas palabras de María Eloísa no sentaron nada bien al mendigo, que sin mediar ni una palabra más, le escupió en la cara. ‘Tras escupirme, me pareció que se alejaba y decidí dejar pasar el incidente para no montar un espectáculo delante de mis clientes, y cuando estaba dándome la vuelta me asestó un fuerte puñetazo en la oreja, tan fuerte que caí al suelo de golpe’, añade.

Tras acudir a urgencias y presentar una denuncia junto al parte de lesiones en el cuartel de la Guardia Civil, la joven tuvo que acudir de nuevo al otorrino el lunes por la mañana debido a que tenía el tímpano perforado. Por su parte, el indigente de nacionalidad rumana fue localizado por los agentes y se personó voluntariamente en el cuartel a firmar la citación del juicio.

Este martes, 9 de diciembre, María Eloísa Aparicio volvía a verse las caras con su agresor en un juicio rápido celebrado en Torrox. ‘Tiene que pagarme una indemnización de 700 euros, pero dada su situación no creo que reciba ni un euro. Solo espero que con lo ocurrido la gente esté alerta, ya que las autoridades tienen muchas veces las manos atadas con este tipo de situaciones, pero este hombre siempre está pidiendo por la calle con un carrito de compra y dos perros’, concluye.

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